Una batalla a muerte contra el relativismo moral – Michael O’Brien

19/10/2011

Michael O’Brien

Bahía de Barry, Ontario, 19 de octubre 2011 (Notifam)

Durante el encuentro anual del personal de LifeSiteNews, celebrado el 19-20 de agosto en la Bahía de Barry, Ontario, en el campus de la Academia Nuestra Señora Sede de la Sabiduría, el novelista y artista católico Michael O Brien brindó una charla con un fuerte énfasis espiritual relacionado con el trabajo de LifeSiteNews. La charla colocó a nuestro trabajo en una perspectiva profunda, más cercana a la verdad que la comprensión día a día de nuestras percepciones. Los periodistas y otros miembros del personal de LSN agradecieron mucho a Michael por los comentarios que nos dejó como alimento para nuestro pensamiento.

A continuación presentamos la mayoría de los comentarios de Michael O’Brien, que comenzó después que le pidiéramos compartir todo punto de vista que él tuviera para nosotros, en relación con sus extensos viajes europeos y sus reuniones con líderes durante el año pasado.

Steve Jalsevac
LifeSiteNews

Comentarios de Michael O’Brien al personal de LifeSiteNews, el 20 de agosto 2011

John-Henry Westen (el editor en jefe de Lifesitenews) y yo estábamos en Polonia en septiembre del año pasado y hablamos durante unas 6 horas en vivo por Radio María y Radio María TV, principalmente sobre la fertilización in vitro, pero también sobre un cierto número de otras cuestiones de bioética. Cuando estuve en Italia también di casi 20 charlas y entrevistas con los medios, y varias en Croacia, así como también entrevistas en Suecia.

Las numerosas personas dinámicas que he conocido en estos países estaban todas comprometidas en tratar de regenerar o crear de una manera u otra una cultura de la vida, y tenían un sentido universal respecto a la naturaleza de la batalla. Esto salió de todas las bocas y en diferentes idiomas. 

Si tuviera que resumir esto lo más sintéticamente posible, yo diría que todo el mundo está peleando una batalla a muerte contra la dictadura del relativismo moral. Esta lucha se libra sobre todo en relación con las leyes nacionales para proteger a los no nacidos y para proteger a los diversos aspectos de la vida, pero se da también en todos los demás niveles de la cultura.

La confusión se crea en todas partes a través de los medios de comunicación. Éstos son el principal formador de la conciencia de nuestro tiempo. En todos los países que visité era la principal preocupación de las personas apostólicas, tanto de los clérigos como de los apóstoles laicos. El poder sin precedentes del cine, la televisión e Internet es algo con lo que los cristianos nunca hemos que lidiar antes a esta escala. Fue alentador ver que en todos los países donde fui se está comenzando a aplicar las nuevas estrategias en todas partes.

El sentimiento común en todas las personas que conocí era que estamos frente a un Goliat, un monstruo que se alimenta del dinero o es impulsado por él, la ganancia y una agenda subyacente de una revolución social en una escala que no creo que hayamos visto jamás antes en la historia del hombre. Lo que estamos viendo es el desmantelamiento de los grandes tesoros que el cristianismo dio a la civilización occidental. 

La situación en Polonia, Italia y los países escandinavos, así como en otras partes del mundo, varía en cuanto a los detalles, y gran parte de la resistencia depende de la fuerza con la que las Conferencias episcopales están dispuestas a dar testimonio en contra de la revolución. Más que hablar de esos detalles, me gustaría abordar el tema del materialismo en sí y lo que nos está haciendo a todos nosotros: si las personas están sufriendo bajo el comunismo o el fascismo, o si están siendo devorados por un consumismo aparentemente benevolente. 

El consumismo, la nueva cara del materialismo, está triturando más en la vida de fe de estas naciones que la opresión abierta que éstas últimas sufrieron. En realidad, el consumismo es un monstruo que está devorando a Occidente. Cada uno de nosotros es vulnerable a ella, especialmente si tenemos hijos, porque los jóvenes han nacido en este entorno psicológico-social y son especialmente vulnerables a sus presiones.

Pienso que nos quedaríamos muy cortos si resumimos el nuevo mundo emergente como una revolución socio-política o inclusive como una revolución cultural. Debemos mirar más lejos y más profundamente, para ver que detrás de todas las diversas manifestaciones del materialismo consumista hay una guerra espiritual. 

Cuando estuve en Italia, tuve el privilegio impresionante de reunirme con un novelista llamado Eugenio Corti, autor de una famosa novela titulada The Red Horse [El Caballo Rojo]. Él tiene ahora 80 años, es un católico devoto y un genio creativo. Su nombre está siendo considerado para el Premio Nobel de Literatura, pero no creo que eso llegue a obtenerlo, ya que él es demasiado explícitamente católico en su ficción. Aún así, es un escritor de nivel mundial.

Cuando visité a Eugenio en su villa, en Milán, me di cuenta que era un hombre humilde, amable y apacible, una persona de gran inteligencia. A lo largo de una hermosa tarde tuvimos una larga conversación, comparando nuestros propios trabajos para Cristo como escritores de ficción.

Al final de la reunión, le pregunté: “¿Tiene usted algún consejo para darme?”.

Él se inclinó hacia adelante, tomó mi mano y dijo enfáticamente: “Estamos en guerra. Estamos en guerra, y estaremos en guerra hasta el final de los tiempos. Lo que ha de hacerse es adherirse a Jesús en forma total y absoluta”. 

Él es un hombre que ha visto todo tipo de horrores y cambios políticos, pero desde su sabia perspectiva él entendía que el momento histórico actual es probablemente el más peligroso de todos.

Si yo pudiera decir algo a ustedes que trabajan en LifeSiteNews, queridos amigos y valientes caballeros, les pediría que recuerden siempre, en cualquier punto de la guerra que se nos ha llamado a luchar, que estamos luchando contra enemigos invisibles – los enemigos invisibles – que san Pablo llama principados y potestades de las tinieblas.

El año pasado, cuando nos estábamos preparando para reunirnos, yo estaba orando respecto a lo que podría decir y me iluminó una luz interior, para decirme que yo les pidiera que lean el capítulo 6 de la Epístola a los Efesios, el pasaje en el que san Pablo dice que debemos revestirnos con la armadura de Dios. 

John-Henry Westen me dijo después de mi exposición que, al comenzar el día, el Padre Pelton les había dado a leer el mismo pasaje, y esto fue sin ningún tipo de connivencia entre el Padre y yo. 

Cuando yo estuve rezando pensando en lo que iba a decir hoy, un año más tarde, el mismo pasaje regresó hacia mí con una cierta urgencia. Es algo que debemos meditar a menudo en el corazón, meditar y rezar. Estoy seguro que todos ustedes lo saben, pero con su permiso me gustaría leer de nuevo esas breves líneas. San Pablo está hablando no sólo para los apóstoles de su propio tiempo, sino también para nosotros, y a través de Pablo, es Jesús el que nos está hablando. Él dice:

“Por lo demás, fortalézcanse en el Señor con la fuerza de su poder. Revístanse con la armadura de Dios, para que puedan resistir las insidias del demonio. Porque nuestra lucha no es contra enemigos de carne y sangre, sino contra los Principados y Potestades, contra los Soberanos de este mundo de tinieblas, contra los espíritus del mal que habitan en el espacio. Por lo tanto, tomen la armadura de Dios, para que puedan resistir en el día malo y mantenerse firmes después de haber superado todos los obstáculos. Permanezcan de pie, ceñidos con el cinturón de la verdad y vistiendo la justicia como coraza. Calcen sus pies con el celo para propagar la Buena Noticia de la paz. Tengan siempre en la mano el escudo de la fe, con el que podrán apagar todas las flechas encendidas del Maligno. Tomen el casco de la salvación, y la espada del Espíritu, que es la Palabra de Dios”.

Y concluye diciendo: “Eleven constantemente toda clase de oraciones y súplicas, animadas por el Espíritu. Dedíquense con perseverancia incansable a interceder por todos los hermanos, y también por mí, a fin de que encuentre palabras adecuadas para anunciar resueltamente el misterio del Evangelio”.

Si la tarea de ustedes es principalmente la promoción del Evangelio de la Vida, ustedes van a enfrentar al adversario invisible, a Satanás, en su asalto principal sobre la humanidad. Como dice Jesús, él es el padre de la mentira, un asesino desde el principio. Él trajo la muerte al mundo. Esto es lo que debemos tener en cuenta cada vez que nos enfrentamos con los seres humanos que son sus agentes, tanto consciente e inconscientemente (y yo pensaría que probablemente la mayoría de ellos, sin saberlo, cooperan con el mal en esta escala).

Aquéllos que difunden mentiras y asesinatos no son en última instancia nuestros enemigos. Ellos están engañados, sus actos son odiosos y sus palabras son odiosas. Pero ellos no deben ser odiados como personas, y es muy difícil tener presente esta distinción en el fragor de la batalla, especialmente cuando se está violando la inocencia, allí donde vemos al monstruo devorando naciones, personas, iglesias, iglesias particulares y un sinnúmero de vidas individuales. 

Si ustedes tienen un corazón para la vida, es muy difícil que no se levanten furiosos contra la violación de la inocencia. Pero esa furia nunca debe ser dirigida contra las personas, sino sólo contra los actos de maldad.

A veces en los últimos años, en mi cargo como editor de una revista y como periodista en lucha contra algunos de estos movimientos demoníacos por parte de nuestro adversario, he cometido el error de dejarme llevar, impulsado por la ira. He aprendido poco a poco que lo mejor es no reaccionar nunca impulsivamente. Es mejor hacer una larga caminata, a veces hay que dejar enfriar un artículo en un segundo plano por unos días, rezar y meditarlo en el corazón. A menudo me he excitado haciendo esgrima con mi máquina de escribir, inventando breves frases inteligentes, sólo para darme cuenta después de la imprudencia de alguna oración y reflexión, o de lo ineficaz que eran.

También he aprendido que es importante manejar los tiempos. Todos mis errores como escritor los he cometido cuando yo estaba corriendo, cuando en algún sentido yo estaba presionado para detener al monstruo e impedirle tomar otra porción grande de la Iglesia o de la humanidad en general. Implícitamente, en esta ansiedad precipitada e impulsada había una fe imperfecta. Ante todo, mi fe era imperfecta en el sentido que no creía a fondo que el Señor ya ha ganado la guerra.

Hay algunas batallas terribles finales por venir y quizás estarán entre las peores en la historia del hombre. Habrá muchas más víctimas. Nuestra tarea es principalmente ayudar a concientizar a las personas respecto a la naturaleza de la guerra y a reducir el número de víctimas, e inclusive ser instrumento para dar a luz a almas más hermosas que vivirán con nosotros en la eternidad. Debemos tener en cuenta siempre el horizonte real, el horizonte eterno, la visión de la verdad: el Señor ha ganado. 

La segunda dimensión que debemos tener en cuenta es que ésta es su guerra. La batalla es del Señor ¿Te acuerdas que cuando David enfrentó a Goliat, Saúl quería darle su armadura real? En lenguaje moderno eso podría ser 10 millones de dólares puestos en los recursos del movimiento pro-vida, o podría significar un multimillonario que quiere financiar a LSN. En cierto sentido, eso sería muy agradable. Pero debemos ser muy cuidadosos al respecto. El dinero no puede ganar las batallas finales de la gran guerra. Recuerden que a lo largo de toda la historia de la salvación el Señor prefiere elegir a los pequeños y los débiles de la tierra para confundir a todos los poderes del enemigo. 

En mi propia vida, como me he convertido cada vez más en una persona pública a causa de mi trabajo, puede haber una sutil tentación de pensar “tengo que hacerlo” o “yo sé cómo hacerlo”, o “tengo este espada en mi mano, voy a herir al enemigo”. Uno escucha reiteradamente: yo… yo… yo. Consciente o inconscientemente, nuestra naturaleza humana siempre tiende a confiar en nuestros propios recursos.

Yo creo que toda la historia de la salvación nos muestra que el Señor, aunque de vez en cuando nos dé mayores recursos, desea que entendamos que Él quiere que crezcamos en la fe, de tal forma que pongamos nuestro fundamento en él, no en nosotros mismos y en nuestras capacidades y recursos. Fundamentados en la fe, somos entonces más capaces de recibir las gracias particulares para las batallas particulares.

Recuerden también que Dios no nos obliga a nada respecto a nosotros. Él es un Dios de amor. Él es también un Dios de la guerra contra el enemigo invisible de la humanidad, pero Él es sobre todo un Padre que ama a cada una y a todas las personas. 

Él nunca viola nuestra libertad humana, nunca barre nuestra naturaleza. Él desea que la perfeccionemos, la enriquezcamos y la hagamos cada vez más fecunda. Por eso Dios no se limita a derramar abrumadores recursos espirituales y materiales en el regazo de los que estarán a su servicio en esta gran guerra. Él puede hacer alago de eso en determinados momentos cruciales, pero esa no es su forma principal de obrar. En lugar de eso, Él desea que le pidamos diariamente todo lo que necesitamos en nuestra debilidad, y le agradará que nos mantengamos en esa condición de dependencia. 

Es algo muy difícil para nosotros comprender esto en este momento en la historia. Estamos saturados por la psicología del éxito y de la estrategia. Esto no significa que no haya que desplegar una cierta cantidad de estrategias meditadas y piadosas, pero nunca debemos olvidar ni por un momento que la estrategia por sí sola no ganará esta guerra. El Señor mismo vencerá en las batallas finales de la guerra, a través de nuestra debilidad y dependencia absoluta respecto a él, independientemente de lo que está sucediendo a nuestro alrededor, sin importar la cantidad de derrotas que podamos sufrir.

Ustedes han visto algunas victorias extraordinarias a través de LSN durante el año pasado, en la defensa de la vida y en la confusión del compromiso de la Iglesia en Canadá. En mi opinión, ustedes han logrado hacer eso afrontando una gran cantidad de agresiva malicia humana y juicios falsos, así como ataques espirituales menos visibles. Y lo han hecho sin tomar represalias contra sus acusadores humanos, aquéllos que negaron la voz de LifeSiteNews mediante la difusión de mentiras en contra de ustedes.

El pasaje de Efesios 6 produce un gran impacto en nosotros, por eso debemos leer fervientemente este pasaje en tiempos de oscuridad, cuando nos sentimos asaltados y cuando nos sentimos derrotados, cuando se miente sobre nosotros y somos calumniado en los medios de comunicación, y más doloroso aún son esos ataques que provienen de los medios de comunicación cristianos.

¿Cómo, entonces, debemos atravesar este campo minado de tal manera que preservemos y respetemos la naturaleza eterna de la Iglesia, el cuerpo de Cristo en este mundo, y respetemos el oficio de obispos y sacerdotes, reconociendo al mismo tiempo que algunos obispos y sacerdotes están traicionando el Evangelio y las enseñanzas de la Iglesia? ¿Cómo debemos navegar a través de eso?

Algo que siempre tenemos que tener en cuenta en nuestras respuestas a los ataques injustos es el peligro de caer en la defensa propia ad hominem. Con frecuencia ustedes han sido atacados ad hominem, y el año pasado fue particularmente desagradable en este sentido. Pero ustedes no han respondido del mismo modo con tono o contenido abrasivo y negativamente crítico.

En lugar de eso, me parece a mí, a menos que me haya perdido algo, es que ustedes se han apegado fielmente a los hechos y han preservado la caridad hacia las personas, mientras informaban sobre las falsedades y las malas políticas promovidas por esas personas. Esto no es una violación de la caridad. Cuando la vida humana está en grave riesgo, la caridad última es hacia esas vidas humanas inocentes que están siendo pesados ??en la balanza. 

Como un ejemplo de ello, ustedes intentaron por todos los medios privados posibles corregir la situación de Desarrollo y Paz en formas que se evitara el escándalo. Ustedes han estado lidiando con ese problema durante años, y cuando sus esfuerzos fracasaron al sugerir algún tipo de respuesta positiva cuando se encontraron con un muro de piedra tras otro, creo que ustedes tenían el deber de hacerlo público. Ustedes lo hicieron sin atacar la motivación personal de aquellas personas que han puesto en peligro el cuerpo de Cristo y están participando en la difusión de la cultura de la muerte en nombre de la Iglesia y en nombre del Evangelio. Con gran pesar y tristeza ustedes informaron sobre el escándalo oculto, y lo hicieron con la verdad. Ustedes sabían también que no podían resistir sólo con palabras.

El Espíritu Santo estuvo también activo, cuando movió a obispos en particular para ver el problema y dar pasos significativos para corregirlo, para pedir a Desarrollo y Paz a una verdadera rendición de cuentas. Una vez más, recordamos la frase de los labios de David cuando se enfrenta a Goliat: “La batalla es del Señor”. El instrumento humano, un pequeño pastor llamado David, es lo que el Señor elige para confundir a la fuerza arrolladora de un gigante y a un ejército hostil. En la misma medida, ustedes hicieron su parte, lo hicieron con caridad y con claridad.

He leído todos los documentos cuando se desarrolló el escándalo, y no he encontrado ningún caso en el que ustedes hayan defendido la vida de los niños antes de nacer con rencor o con el deseo de dañar a alguien, sino sólo con el deseo de salvar vidas y el deseo de exponer y corregir un importante punto de entrada de la corrupción que Satán había producido en la Iglesia. 

Habrá más luchas por venir. Algunas de ellas vendrán de campo de la izquierda; ellas van a golpearlos a ustedes por sorpresa. Inclusive pueden provenir de fuentes inesperadas y realmente les harán daño. En los próximos años, si ustedes continúan haciendo lo que están llamados a hacer, tengan en cuenta estos pocos pensamientos como principios:

La guerra está ganada. Las últimas batallas están aumentando a un nivel de gran intensidad, confusión, opresión y oscuridad, pero el Señor está con nosotros en medio de la batalla. Si ustedes lo mantienen en todo momento en sus corazones, si ustedes son como David que enfrentó a Goliat con fe, verán victorias sorprendentes en medio de lo que, según todas las apariencias, puede verse como una derrota total.

Es la fe la que derriba a Goliat y es la fe la que derriba cualquier tipo de monstruo que ataca al reino de Dios. Las cinco piedras lisas y la honda de un niño eran un signo literal y simbólico de algo mucho más inmenso en el mismo David. Esta señal nos remite, en cada generación, a la fuerza de la fe. La fe de David fue su armadura y su arma definitiva. Y lo es también para nosotros.

Ustedes son centinelas. No son como los periodistas seculares que se limitan a presentar los hechos que con demasiada frecuencia distorsionan o dan impresiones falsas al seleccionarlos en forma intolerable. Por supuesto, hay buenos periodistas que presentan correctamente los mismos hechos que ustedes presentan en sus artículos, y aunque esas personas no son mayoría, están ahí. Ellos ofrecen partes del cuadro. Pelean partes de la batalla, no siempre perfectamente, pero con un grado de lealtad a la verdad, inclusive algunos que están fuera del ámbito de los que siguen a Cristo. 

En Occidente hemos tendido a ver la batalla entre la vida y la cultura de la muerte en el contexto de dos categorías políticas, es decir, conservador o liberal. Pero la naturaleza de la guerra está cambiando. Izquierda/derecha, conservador/liberal, neo-conservador/neo-liberal, y así sucesivamente, pueden ser esquemas engañosos cuando se los aplica a la gran guerra en la que estamos todos inmersos. 

En medio de esa confusión, ustedes –como voz de la verdad en el foro público- continuamente deben afirmar la primacía de los principios fundamentales que atraviesan todas las líneas políticas. Como la voz del centinela, ustedes deben hablar con claridad y convicción inquebrantables, y deben hacerlo en un espíritu de amor- Caritas in Veritate. Ustedes deben amar a la humanidad como una comunidad de personas, no sólo a los inocentes, no sólo a quienes son víctimas del aborto y de la eutanasia y, probablemente pronto, del suicidio asistido y de todas las otras formas que la cultura de la muerte está presionando para traspasar los límites. Ustedes también han de amar a nuestros enemigos.

¿Cómo podemos amar a nuestros enemigos? Una vez más, debemos mirar a las Escrituras. Sí, los agentes del mal pueden y deben ser mencionados con frecuencia en los informes de noticias y en los artículos de opinión, pero nunca podemos cuestionar la motivación de estas personas, no podemos condenarlas. 

Nuestra tarea en la esfera pública es hablar la verdad en el amor, lo que significa que hablamos de los errores, se habla de las mentiras y se las desenmascara, pero nosotros no condenamos a los agentes de la mentira y la muerte como personas. Me doy cuenta que ésta es una distinción que todos ustedes conocen en forma innata –ustedes no escribirían en la forma que lo hacen si no han entendido esto. Pero es algo que hemos de recordar a menudo.

Tengan en cuenta las palabras de Jesús en la Última Cena. Jesús está a punto de ser traicionado, torturado, humillado radicalmente y condenado a muerte injustamente. Se han dicho mentiras sobre él y ha sido condenado. Él sufrirá una agonía. Y sin embargo, en la Última Cena él dice sus palabras consoladoras a sus apóstoles, a quienes él sabe que tendrán que ir a un mundo aparentemente no redimido y que también ellos van a sufrir algo de lo que él está a punto de sufrir. Él les dice:

“En este mundo tendréis tribulación, pero ánimo, yo he vencido al mundo”. 

Este pasaje es una paradoja, una contradicción aparente. “Ustedes tendrán problemas en el mundo, pero yo he vencido al mundo”. ¿Qué significa esto? ¿Él ha vencido, pero no vence? Nuestra mente lineal y pragmática se esfuerza en tratar de comprender esto. Aquí Jesús está abriendo grietas en la realidad misma. Está abriendo nuestras percepciones a una realidad más profunda de tiempo y eternidad y al desarrollo de la historia de la salvación. Él ha vencido al mundo, pero las etapas finales de ese triunfo, hasta su resolución y restauración de la Creación en el Padre, tienen que ser todavía propagadas.

Aquí, en esta última etapa de Occidente vemos un eclipse, un oscurecimiento, una pérdida, una apostasía masiva, y al mismo tiempo vemos un extraordinario surgimiento de la esperanza, una nueva primavera que ya ha comenzado en medio de la oscuridad. El futuro ya está entre nosotros, la victoria ya está llegando a su momento final. Cuánto tiempo tardará, no lo sabemos. Nuestra tarea es seguir haciendo lo que hacemos y confiar en que la batalla pertenece a Dios.

Versión original en inglés en http://www.lifesitenews.com/resources/a-battle-to-the-death-against-moral-relativism

Traducción por José Arturo Quarracino

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